jueves, 1 de mayo de 2014

Carta a Robledillo 1 de mayo de 2014

Estimado Robledillo:

Aunque estoy esperando contestación tuya a mi anterior, me apresuro a contarte cómo han sido mis días de Semana Santa, no sea que te quejes si no te digo nada.

Empiezo por el final. Regresé del pueblo a la gran ciudad con tiempo para ir a la Vigilia Pascual al atardecer del sábado. Elegí una Iglesia recién restaurada y muy acogedora, con gente muy participativa en la celebración. Cuando hay varias Iglesias, como aquí, y cada una tiene un horario distinto, resulta que si en una el Señor ya ha resucitado, en la de tres calles más abajo, aún está en la sepultura. Es como la paradoja de la Semana Santa. ¿Te has fijado que se celebra la Pasión y Muerte del Señor, o sea lo triste, con gran boato de música y con mucha gente e imágenes, y por contra la Resurrección, que es alegría y con una liturgia muy rica, pasa desapercibida para la gran mayoría? ¿Tú no crees que es por falta de formación religiosa?

Me fui al pueblo el jueves Santo. Los días anteriores salí a ver alguna procesión en la gran ciudad, pero cada vez me atraen menos porque el bullicio se convierte en suplicio. Uno no está para muchas apreturas. Como en el pueblo es todo más recogido, disfruto más. El Jueves Santo me encontré en los Oficios con el páter Lucio, un joven sacerdote de color que ayuda al párroco. Es de Guinea y su homilía fue sencilla de exponer y densa de doctrina. Eché de menos a la gente joven, más proclive a ir en procesión que ir a la Iglesia.

Ya en la Cofradía me chocó la nueva moda importada de hablar de Titulares para referirse a las Imágenes, cuando en el pueblo siempre hemos dicho “los santos”, y de pequeños íbamos a ver salir a los santos, el primero San Juan con su dedo al frente. Lo recordaba Pepe Redondo en el Nazoreo de 2011, cuando escribió: “¡Santos a la calle!, -dijo el mayordomo- una orden que resonó por todos los rincones del pueblo que acudía a ver salir al Nazareno”.

Este año ha cumplido 100 años la Urna del Sepulcro, cuyo autor, el tallista Alfredo Fábrega “El Currillo”, fue hermano de la Cofradía entre 1914 y 1917. Fue dorada por Ángel Ibañez Rabasa, un murciano que falleció en Albox en 1940. También los infantiles han cumplido 25 años desde que en 1989 constituyeron el Paso Morado Infantil. Apenas ha habido un ligero recuerdo de ambas fechas, las dos merecedoras de una amplia mención. La Urna por su antigüedad y por ser parte del catafalco del Señor Yacente, un conjunto armónico y proporcionado difícil de superar; y los infantiles porque son la savia del futuro, y hay que estimularlos.

El Viernes Santo amaneció radiante. San Juan apareció lozano e impertérrito con su palma del Hosanna de aquel tiempo. No pasan los años por Él. Cuando conoció al Señor era un mozalbete barbilampiño y así sigue en su barrio, y no se deja ver por el resto del pueblo. ¡Una lástima! Pasada la hora nona, (ahora me pongo bíblico) salió la Virgen de la Angustias. ¡Qué estampa doliente más hermosa! Un rato antes en la Capilla de Santa María, ya sabes que la iglesia está en obras, habíamos adorado al Señor Crucificado. Ahora ya lo habían bajado de la Cruz.

Estaba cerca el crepúsculo vespertino cuando salió la procesión de la Cofradía, por un nuevo recorrido. Un itinerario bastante logrado. El Nazareno abrió las filas de una noche que todos queríamos que no acabara. Luego la Virgen María de la Redención que es la Alegría de la Casa. Un milagro hecho madera que hasta la luz de las estrellas se oscurece. Y detrás el Santo Sepulcro del Señor. Por lo que pude ver, este cortejo ha bajado un tanto su listón de solemnidad y no es bueno. Con todo estremecía la devoción y el fervor de siempre que desde mi puesto noté en la marea de gente que aguardaba su paso.
Me acomodaron tras el trono del Sepulcro junto a la Presidencia Oficial. Para otro año pediré la excedencia porque quiero apostarme en una esquina a mirar al Nazareno cara a cara; a sentir de cerca el embeleso de la Virgen y a rezar arrodillado cuando pase el Señor Yacente.

Al final la providencia nos concedió el momento más emocionante de la noche. Se cortó el aire, y se apagó la música dejando solo el sonido del silencio. Avanzó el Sepulcro hacia su encierro al paso del sordo redoble de un tambor, cuando las manecillas del reloj acercaban la medianoche. Ahí acabó la noche más esperada por los hermanos cofrades.
Permite que te lance un corto mensaje como despedida de esta carta. Que sepas que esas pocas horas que dan vida al Gran Misterio, sirven para recobrar fuerzas y seguir todo el año por esos caminos que Dios nos da. Apúntate algún día.

Por hoy aquí me quedo. No te olvides de mí.

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